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Imagen del comedor |
Sin duda. Es caro, bastante caro, pero no todos los días se disfruta de un día agotador en el
museo de los museos. Ir al Louvre en París es dedicarle, como poco, una mañana entera, y eso si estamos en la entrada a primera hora. Se puede por tanto hacer una excepción en nuestra economía y restaurarnos acorde con tanta belleza. Eso sí,
evite las horas puntas, que para los de los Pirineos hacia arriba sigue siendo de una a dos: se podrá encontrar con colas de gente aguardando a la entrada del bello restaurante. El
café Richelieu se encuentra en el
primer piso cerca de los apartamentos de Napoleón y de los pintores franceses. A la entrada, una pantalla electrónica le informa del menú en los idiomas más demandados, entre ellos el español.
Solamente con las vistas que podrá contemplar desde sus inmensos ventanales ya merece la pena, si tiene la suerte de que no llueva y esté abierta la terraza del exterior, miel sobre hojuelas. Y hablando de postres, es lo mejor del sitio sin lugar a dudas. No en vano, es una concesión de la pastelería-bombonería-café
Angelina, toda una institución en el París de los golosos.
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Ensalada césar, un clásico |
La comida
no es que sea de un refinamiento excesivo. Predominan los platos fríos, las ensaladas, los sandwiches bien elaborados, pero llegado el tema de los dulces, estos se vuelven irresistibles, según marca de la
casa original austríaca de la Rue de Rivoli 226. ¿Y el precio? ¿Cuanto nos puede costar la broma de un almuerzo sin muchas pretensiones? Pues calcule que alrededor de los 40 euros por cabeza no baja. Eso sí, cabe la opción de ir solamente al atardecer y limitarse a esas pequeñas joyas de dulces, que tampoco es mala idea.
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Foie con mermelada de higos, delicioso |
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Muestrario de dulces |
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Cremas finas y chocolates espesados y de deliciosa textura |