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viernes, 13 de septiembre de 2013

Pinte de negro una bandera andaluza y tendrá una extremeña

Por Andalucía, España y la humanidad (incluida Extremadura). Fotos: Daguerre


No se trata de ser un vexilólogo. O sea, un especialista en banderas. No en el hollywodiense actor malagueño de nombre Antonio sino en las telas que se utilizan como enseña de un país, una región o un equipo de fútbol. Simplemente basta con conocer los pabellones de las distintas regiones españolas, ahora llamadas comunidades autónomas, de autonomía… o «autonosuyas», que diría Fernando Vizcaíno Casas. Algunas de ellas son banderas muy históricas, como la de Aragón, copiada en condados que pertenecieron a este antiguo y admirable reino, pero que ahora se constituyen en titulares de unos falaces derechos construidos sobre la más escandalosa mendacidad. Otras enseñas, por el contrario, son inventos modernos, muy modernos…

En relación con un reciente y hilarante episodio ocurrido con banderas autonómicas, propio de película de Luis García Berlanga o Manolo Summers, hemos realizado una consulta para ver qué nos dice sobre dos vocablos el diccionario de nuestra madrastra la Real Academia Española como la definía el inolvidable maestro Jaime Campmany, cuyo reencuentro hace unos días con Manuel Martín Ferrand, su cofrade durante tantísimos años en la Hermandad de la Columna de ABC, debió de ser memorable en la Redacción eterna y merecedor de una crónica de urgencia transmitida por el teletipo de las amapolas.

Veamos, diccionario en mano, las definiciones del verbo apañar y el adjetivo cutre…

En su séptima acepción, apañar, verbo transitivo, coloquial, tiene el significado de «poner solución o remedio a un asunto precariamente, con disimulo o por conveniencia».

Y en su segunda acepción, el adjetivo cutre nos viene definido como «pobre, descuidado, sucio o de mala calidad».

Monesterio es el pueblo de Extremadura que da la bienvenida a los viajeros que transitan desde Andalucía por la autovía de la Ruta de la Plata, A-66 cuya numeración recuerda a la interestatal y rockera Ruta 66 estadounidense, inmortalizada por John Steinbeck en «Las uvas de la ira». En el fin de semana del pasado 8 de septiembre, festividad de la Natividad de la Virgen y día de la comunidad extremeña, consagrada a la Virgen de Guadalupe, Monesterio celebró las fiestas en honor a su venerada patrona, la Virgen de Tentudía, y ofreció la excusa perfecta para disfrutar de un paseo por sus serranas calles y, cómo no, dejarse seducir por la sugestiva y difícilmente rechazable atracción de su XXIV Fiesta del Jamón. En Monesterio no hay resquicio alguno al dicho aquel de «cuando un pobre come jamón, uno de los dos está malo», porque la suprema calidad –timbre de honor para España– del producto ibérico en sus distintas variedades, que ya quisiera para sí más de una chacina de esas por ahí, puede ser degustada a un precio tremendamente asequible con el regalo de un sabor insuperable y sin que se descosa aún más el bolsillo, que casi está hecho jirones y sin que nos hayan dado premio alguno.

El todo terreno disfrazado de trenecito, con matrícula de Sevilla



Uno de los atractivos programados por el Ayuntamiento en el día de la degustación jamonera fue un compuesto «trenecito», disfraz colocado sobre un todoterreno y un par de remolques, para que circularan nativos y forasteros por el largo y cuidado paseo de Extremadura. Hasta hace unos años, la ancha calzada urbana de este paseo correspondía a la antigua travesía de la carretera nacional 630, vía tristemente famosa por su peligrosidad en más de un tramo de sinuoso trazado. La entrada en funcionamiento de la autovía de la Ruta de la Plata acabó felizmente con la travesía por Monesterio. El «trenecito» en cuestión, y en detalle que se agradece en tiempos en los que para lucir públicamente una enseña nacional de España primero hay que casi concertar un seguro de vida, enarbolaba hasta cuatro hermosas banderas constitucionales. En honor a la hermosa tierra castúa, y española por los cuatro costados, patria chica de conquistadores, mal que le pese al mamarracho del concejal de Mijas que es profesor universitario de la Pablo de Olavide para desgracia académica, la trasera del «trenecito» se adornaba con dos banderas de Extremadura. ¿O no…?

Véanse las fotos. ¿Entiende ahora la consulta al diccionario sobre los vocablos apañar y cutre?

Parece cosa de director de atrezo de película no ya de serie B sino Z.

Ahora bien, ¿y si en la disparatada estructura administrativa que hogaño padecemos –y pagamos– en España, extremeños y andaluces nos unimos? Un gobierno nos ahorrábamos y saldríamos ganando. Seguro.

LEÓNIDAS DE RODAS  

sábado, 3 de noviembre de 2012

Cáceres, sólo por detrás de Praga y Tallin

Tercer conjunto monumental europeo


Imagen de la ciudad tomada desde la Torre de Bujaco
Que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986 es un dato bastante conocido de Cáceres. Lo que es menos sabido es que en 1968 su “Ciudad Monumental” fuera catalogada por el Consejo de Europa como el tercer conjunto monumental europeo, después de Praga y Tallin, categoría que la sitúa entre las más grandes por su belleza. De hecho, su casco histórico de la Edad Media y el Renacimiento es uno de los mejores conservados y completos del mundo.

Cáceres, con una excelente vía de comunicación gracias a la autopista que casi pisa sus faldas, es la ciudad perfecta para pasar un fin de semana cultural. A sus innumerables monumentos, únanse un par de museos, el provincial y el de arte contemporáneo, dignos de figurar entre los de primera fila a nivel nacional. La Concatedral de Santa María, el Palacio de las Veletas, los palacios de los Golfines de Arriba y los de Abajo, la Casa del Sol, la Torre de Bujaco o el Arco de la Estrella son los más bellos, admirables e imprescindibles de ver en una visita corta. Pero no menos interesante es pasear intramuros por sus calles empedradas de historia, silencio, ausencia de tráfico y buen gusto por la conservación, algo que echamos bastante de menos en España. Las torres desmochadas por orden de Isabel La Católica para castigar y reprimir la desobediencia de sus dueños por apoyar a Juana de Trastámara o la Beltraneja son nuestro pasado en forma de teatro presente y vivo. Hasta 21 torres defensivas de excelente factura se pueden contemplar en esta inigualable ciudad extremeña. Solamente por disfrutar con los dos aljibes de agua mejor conservados, el árabe y el que se encuentra en la Iglesia de San Francisco Javier, merece la pena el viaje. Por poner sólo una pega, un catálogo del magnífico museo provincial, daría más empaque y prestancia a la colección. (Sólo venden apuntes sueltos por temas).

Oxidación controlada, memoria viva

Si alguien le pregunta dónde se come bien en Cáceres la respuesta más corta es que en cualquier sitio. Lo difícil es saber alguno malo. Los productos de la tierra, muy ligados al cerdo ibérico, la torta del Casar, los vinos, verduras y frutas de temporada son la mejor carta de presentación de unos restaurantes donde se sentirá bien atendido y mejor compensado, por la relación entre lo que se lleva puesto y los euros que deja. Precios tiene para elegir entre todas las posibilidades, desde una tasca hasta un dos estrellas Michelín (Atrio). Mi recomendación personal son: El Figón de Eustaquio, Torre de Sande y el Palacio de los Golfines. En cuanto al alojamiento, les recomiendo el Parador Nacional, recién restaurado o el NH Palacio de Oquendo con unas ofertas de alojamiento magníficas. Por último, un consejo: olvídese por unos días del coche. Pregunte en su hotel por algún convenio con aparcamientos públicos por la zona y deje el vehículo bajo techo. No merece la pena cogerlo para nada, todo está a un tiro de piedra del centro (incluido las únicas salas de cine) y aparcar es una proeza por el poco espacio disponible. Luego descubrirá qué gran decisión ha tomado.

Gárgola del museo provincial


Adarve o calle adyacente a la muralla


Cielos de Extremadura


Centro de interpretación de la Semana Santa cacereña (Una norteamericana lo confundió con una sede del
Ku Klux Klan y le dio un síncope, me explica la guia)

La puerta de la Estrella


Surcando Cáceres


Cuarto de baño de una casa árabe


Escudos nobiliarios por doquier


Luna llena


Piedra y libertad


Tumbas de la Catedral


Detalle del templo


El peso de la fe


Marcó las horas de la ciudad. Hoy se encuentra en el museo municipal


Falta el perro


Todos colaboran

Balones embarcados


Paseo nocturno


Jesús crucificado


Hoy en día un arquitecto le diría que esta composición es imposible


O nos quita Economía o Salud. Ya ni club de fumadores


Tierra de cigüeñas


A los pies de la concatedral


Amanecer en la plaza de San Juan


La torre de Bujaco


Ajustando las cuerdas

viernes, 24 de agosto de 2012

Casares, ni feo ni bonito



Casas casi colgantes

Casares no es feo ni bonito, es original. Sus casas casi colgantes, la blancura del paisaje encalado y ser la cuna de Blas Infante, le confieren un hueco en la geografía de los pueblos más visitados de Andalucía. Víctima del desarrollismo hormigonero de la costa, más de un alcalde de este municipio ha pasado por la cárcel. Y eso que salvo un periodo de cinco años (Gil y Gil) ha estado en manos de Izquierda Unida. A medida que se asciende se encuentran los puntos más interesantes de este conjunto histórico-artístico, aunque algunas intervenciones arquitectónicas recientes dejen bastante que desear. La ampliación del cementerio de moderna factura es digna de figurar en el catálogo de los mejores adefesios de España. Sin duda, las ruinas de la fortaleza árabe del castillo que corona el pueblo es lo mejor, así como las empinadas calles que visten sus laderas de rincones preciosos. Cerca de la plaza principal, la de España, se encuentra la ermita de San Sebastián, residencia de la patrona del pueblo, la Virgen Nª Sra. del Rosario del Campo. Para comer existen varios restaurantes en el pueblo, aunque todos recomiendan las ventas que jalonan la subida con magníficas vistas del parque natural Los Reales de Sierra Bermeja. Aunque el acceso es un poco complicado por la pendiente que toma la carretera, es muy recomendable el aparcamiento, gratuito, que el Ayuntamiento pone a disposición de los visitantes. Eso sí, la plaza de acceso al pueblo se llama Marcelino Camacho, cosas del color político. Para los seguidores de Blas Infante, imprescindible visitar su casa natal. Para los que no lo son, podrán apreciar también como era una vivienda andaluza de la clase media en el siglo XIX.

Blas Infante, presente y pasado

La Policía y el Castillo


La Plaza de España y la bodeguita de enmedio

En su momento fue un restaurante. Preciosa la entrada


Monolito para el intento fracasado de una "patria" andaluza

No intente nada fuera de ese horario

Las calles altas conservan el sabor de antaño


Ermita de San Sebastián


Sin comentarios la patrona


Curiosas lámparas del bar hechas con tubos del agua



Está claro ¿no?


miércoles, 8 de agosto de 2012

Mértola: ciudad completa



Magníficas vistas desde el Castillo


Acceso a una vivienda en la planta alta


A 66 kilómetros de Ayamonte, él último pueblo onubense de España o 188 de Sevilla, se encuentra una ciudad capaz de cautivar a los amantes del turismo de interior. Si de verdad quiere huir del sol y playa, si lo que busca es la belleza de los pueblos, su historia, su gastronomía, la tranquilidad y la armonía con la naturaleza, Mértola lo tiene todo. Situada en un promontorio montañoso que separa el Guadiana de su afluente Ribeira de Oeiras, ya era un puerto importante en la antigüedad. Aquí llegaban todos los productos del Mediterráneo a través de su principal río interior. El mismo que servía para transportar los minerales, oro, plata, cobre, más tarde pirita, de sus minas cercanas, las principales, S. Domingos y Aljustrel (hoy abandonadas y merecedoras de otra excursión para ver como era el paisaje industrial hace muchos siglos). Mértola fue ciudad prerromana, romana, pequeña capital de un reino musulmán y sede de los caballeros de la Orden de Santiago hasta convertirse en un burgo importante gracias a su puerto ¿Se puede pedir más?



Calma y saber

A los pies del Guadiana, lo que queda de la torre

La Torre del Río

Este monumento devastado de la Antigüedad tardía, único en el Mediterráneo Occidental, no ha podido resistir las tempestades del río Guadiana. Se trata de una torre defensiva al borde del río a la que se accedía desde las murallas de la ciudad por una pasarela de seis arcos con contrafuertes. Los paramentos están constituidos por grandes bloques de granito y mármol trabajado. Desde esta pequeña fortaleza se podía controlar la circulación de naves hostiles.


Cuántas culturas han visto tus piedras



Muralla de la ciudad vieja

Alrededor de mil metros constituyen las murallas de la ciudad vieja. Sus muros se adaptan perfectamente a la tipografía del terreno con torreones de planta cuadrada. Tres puertas daban acceso al interior y una puerta falsa permitía a sus habitantes salir. Al lado de la Puerta de la Ribera se encuentra el Hospital de la Misericordia, construido en el siglo XVI y hoy Museo de Arte Sacro. Destacan también la puerta de Beja que se abre al norte y la de Buraco que da a la ribera del río Oeiras. Es difícil datar la fecha de construcción de las murallas pero por el tipo de materiales utilizados encajan entre los siglos IV y VI de la Antigüedad tardía.


Puerta de la Ribera

Campanario de la misericordia

La mirada de los siglos

Gracias, Jesucristo, por mantener un pueblo sin iluminados

San Sebastián o
sansestabien, dada su
poca expresividad

A hombros

Pura inocencia

María, madre de los cristianos

Nave central
Parihuela para trasladar indigentes muertos


Iglesia de la Misericordia, actual Museo de Arte Sacro

Fue construida en el XVI por los hermanos de la Cofradía de la Misericordia, consagrados a tareas de asistencia social, entre ellas, darle cristiana sepultura a los muertos abandonados y sin recursos (unas sobrecogedoras parihuelas hechas a propósito para esto, dan cumplida cuenta en su interior). Anteriormente existía una pequeña iglesia medieval dedicada a Santiago. Cuenta con una sacristía, un templo (con una nave de bóveda de barco), hoy desafectado parcialmente al culto, y salas auxiliares, actuales salas de exposiciones. En este pequeño pero interesante museo se pueden ver varias esculturas recogidas de iglesias abandonadas de la comarca, en un estado bastante deteriorado, pero de una simpleza llamativa. Aquí, se encuentran a salvo del expolio y del robo. Asimismo, pinturas al óleo pertenecientes a altares de la Iglesia matriz.


El Mediterráneo oriental en Portugal

Detalle de una pieza
Interior del museo


La más importante colección de arte islámico de Portugal

Se encuentra en la colección de arte islámico del museo de Mértola. Esta exposición está situada en las antiguos graneros de una de las familias más poderosas, la Casa de los Braganza, muy ligada al tráfico portuario. Destacan las cerámicas con el vidriado a cuerda seca, muy desarrollado en Al-Andalus. Especial relevancia tienen los platos y las jarras. De los primeros se llevan la palma el que representa una escena de caza del siglo XI, en el que un ave de rapiña y un galgo persiguen a un antílope o gacela. La mayoría de las piezas provienen de la España musulmana. Se pueden ver igualmente objetos de la vida cotidiana como lucernas, instrumentos médicos, tijeras, perfumarios de delicadísimas paredes… Muchos de ellos se consideraban productos de lujo de la época venidos de Oriente.


Silencio, siempre hay un paraiso gatuno en la sombra 

Azul, azulejos

El mercado del color

Azul, vaqueros

Roma, nuestros cimientos

Capiteles, capitales de civilización y desarrollo


La Casa Romana

Al hacer unas obras se encontró los vestigios de una gran casa romana en el subsuelo del actual Ayuntamiento. La exposición está dentro de las mismas excavaciones. La situación de la casa, al lado de la muralla y sus dimensiones, hacen pensar que pudo pertenecer a alguien acaudalado o poderoso. A tener en cuenta una magnífica estatua sin cabeza de un togado y capiteles muy bien labrados. Muchas de las obras expuestas no son originarias de Mértola.

Torre del homenaje

La del reloj

La luz del camino

Rehabilitación



El Castillo

Domina toda la ciudad. Se desconoce su origen, aunque los vestigios más antiguos son de época islámica. Se puede situar entre los siglos X y XI. Sobre el Alcázar islámico se irguió una fortaleza cristiana, cuya torre del homenaje está fechada en 1292. Fue la primera sede portuguesa de la Orden de Santiago, residencia de alcaldes y gobernadores y perdió su función militar en el siglo XVII. Desde entonces cayó en el abandono hasta que se recuperó recientemente (con sus aciertos y errores arquitectónicos) como espacio para actos culturales y exposiciones. Merece subir a la torre del homenaje para contemplar las vistas. Las del cementerio son espectaculares.

La necrópolis desde arriba

Cementerio actual

La paz de los muertos

Siempre hay un recuerdo

La necrópolis

Impresionante la galería o criptopórtico de 30 metros de largo y seis de alto que sirvió en su momento de almacén de alimentos e incluso de cisterna de agua más tarde. Existió además un baptisterio del siglo V y se conservan restos muy apreciados de mosaicos romanos, algunos de escenas de caza. Después de la conquista cristiana en 1238 el barrio fue completamente arrasado y se utilizó como cementerio, es por eso que se encuentre pegado al moderno camposanto. Como gran necrópolis entre el siglo XIV y XX ha permitido reconstruir mucho de los ritos funerarios e incluso estudiar los hábitos alimenticios y las enfermedades más comunes de los habitantes de Mértola. En la actualidad, los trabajos arqueológicos continúan.


Templo romano, paleocristiano, mezquita e iglesia principal. El suelo de las creencias

Arcos polibulados en el Altar Mayor

Camino de oración
El minarete se perdió
La Virgen y el mirhab
Detalle del mirhab
Portico de entrada, el bien



Iglesia principal (Antigua mezquita)

A los pies de la muralla del castillo se encuentra, toda encalada de blanco, la Igreja Matriz o más importante de Mértola. En teoría sobre esos cimientos existió un templo romano, luego uno paleocristiano y en el siglo XII se construyó una mezquita, que da fundamento a la actual. De planta cuadrada, con entrada lateral, tres puertas con arcos de herradura completamente árabes y el descubrimiento reciente en una rehabilitación del mirhab original, no deja lugar a dudas. Fue cristianizada por la Orden de Santiago que impone en su fachada una bella puerta de relieves que representan la lucha entre el bien (arriba) y el mal (abajo). En el XVI fue profundamente remodelada y perdió todo su artesonado policromado para dar paso en sus cinco naves con bóvedas polinervadas en el altar mayor. También se prescindió del minarete, transformado antes en torre.



Maestros del empedrado. En España, nuestras calles, para vergüenza propia, eran así

Antigua via romana, camino de Beja

Hojas de acanto en el capitel

Los siglos, al descubierto en la Basílica paleocristiana

Aparecieron lápidas en griego


Basílica paleocristiana

Fuera de la muralla, en la vía romana que une Mértola con Beja, hallamos una enorme necrópolis paleocristiana e islámica. Lo que hace único a este lugar es su colección de seis docenas de lápidas epigrafiadas paleocristianas, treinta de las cuales se encuentran expuestas. Por sus nombres, Antonia, Festulus o Amanda, sabemos los nombres de las personas que habitaron esta bellísima ciudad de Myrtilis. Cabe destacar también el conjunto de lápidas escritas en griego, que dan fe de la presencia de una pequeña comunidad original del Mediterráneo Oriental. Hay también una lápida de uno nacido en Libia. Se trataba sin duda de familias relacionadas con el comercio y cuyas creencias religiosas eran monoteístas.



Por último, hacer una mención de la casa del herrero y del telar donde se fabricaban mantas, ambos visitables.


Motorizado

Correos. A las golondrinas las cornisas les parecen sobres

La perdiz

Bodegón vinícola

Amabilidad, calidad y buen precio



En el plano gastronómico destacar los platos relacionados con la caza, que sus tres restaurantes más afamados elaboran con gusto. Nosotros quisimos comer en Migas, pero ¡oh! destinos inescrutables, ese día la cocinera no se había presentado a trabajar. No obstante, el dueño nos recomendó Tamuje, “tan bueno como el mío”, palabras textuales. Magnífica decisión, pues degusté un queso asado, tomates aliñados con ajo y orégano sin haber pasado en su vida por una cámara frigorífica y el jabalí guisado de la casa, por un módico precio que no llegó a los 15 euros. De postre, una increíble “bomba de chocolate”. Por supuesto, los vinos de la región, en todas sus variedades, son de quitarse el sombrero.



Para saber más, www.cm-mertola.pt


Ciudad portuaria, ciudad burguesa

El anti internet

Aún no tiene aeropuerto, gracias a Dios

Arquitectura popular