martes, 4 de noviembre de 2014

Un 12 de octubre en Mauritania con la Virgen del Pilar y un cura con el tricornio

El pasado domingo 12 de octubre, con motivo de la Fiesta Nacional y del día de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil, tuvo lugar en Nouadhibou (la segunda ciudad más importante de Mauritania) la celebración de una misa. A ella asistieron los miembros del CNP y Guardia Civil destacados en esta ciudad, así como miembros del consulado español, personal del CNI, empresarios y otros miembros de la comunidad española, así como numerosos fieles de diversas nacionalidades que habitualmente participan en la concurrida misa dominical.

La Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil

La misa tuvo una duración de casi dos horas y en ella se compaginaron la liturgia con cantos y ritmos africanos y religiosos. Durante gran parte de la misa el cura portó sobre su cabeza un tricornio de la Guardia Civil. El párroco aprovechó la homilía para agradecer tanto a la Guardia Civil como a la Policía Nacional española su participación para hacer de este mundo un lugar más seguro. Asimismo comunicó que, tras once años en Nouadhibou, deja su puesto en esta ciudad para ocuparse de otra parroquia, sin especificar dónde ni en qué país. Hay que señalar que este cura se destacó en los años de la crisis migratoria por su labor para tratar de concienciar a los jóvenes aspirantes a la emigración irregular para que cesaran en su empeño de embarcar en los cayucos rumbo a Canarias, jugándose la vida en el trayecto.

El sacerdote lució el tricornio durante parte de la misa


INFORMACIÓN TOMADA DE INTERNET

jueves, 30 de octubre de 2014

Siete llamadores de Priego de Córdoba













¿Y usted qué opina de los parquímetros?

Atraco a mano armada. Imaginación no falta nunca.

FOTO TOMADA DE INTERNET

Imago

"Frecuenté bares"
Fui hijo único de padres ya mayores y, por lo tanto, el centro de sus atenciones y desvelos.

Desde mi tierna adolescencia, mis sueños se vieron invadidos por la imagen de una mujer perfecta, de una princesa, a la cual amaría siempre y, a cambio, ella me llenaría de goces y deleites.

Estudiante mediocre, de vida pausada, culminé mis estudios de Económicas sin demasiado interés ni brillantez en sus resultados y, pronto, obtuve un trabajo medio en el Departamento de Relaciones Humanas de una gran empresa.

Mientras, intenté encontrar en la vida ese sueño adorado, pero quizás mi timidez, mi escasa galanura en el vestir, mi relativa imperfección física o, quizás, mis exigencias impidieron que tal imagen se transformarse en algo más real, de carne y hueso; sin embargo, en mis noches de insomnio, el rostro de la amada fue adquiriendo consistencia, formas, límites y detalles.

Mi existencia transcurrió entre tanto sin grandes sobresaltos, en una rotunda monotonía. Quizás llegué a atisbar en mis ya ancianos padres la preocupación por no disponer de nietos que entretuviesen sus maduros ocios, pero nunca se quejaron abiertamente, ni expresaron una protesta ante la que ya parecía una soltería inevitable.

Con la muerte del padre, acuciado por el tiempo y presionado, sin duda, por los silencios terribles de mi madre, intenté salir o emparejarme con varias compañeras de trabajo y retomé el contacto con alguna conocida de la Universidad, pero aquello no cuajó, sin que supiera muy bien a qué atribuir tal fracaso.

De todas formas, yo ya poseía la mujer ansiada, pues su rostro, su cuerpo, sus formas e, incluso, sus ideas venían a mi cama todas las noches y, cada vez, comprendía mejor sus sentimientos, me sentía más a gusto a su lado y veía casi imposible encontrar a otra igual entre mi entorno.
Ascendí, más por antigüedad que por méritos, en la empresa y seguí viviendo plácidamente con mi madre, hasta que la Parca me la arrebató una tarde de verano.

Ese día, ante el espejo, el cristal me devolvió el rostro de un señor canoso, con ojos miopes, con arrugas y algo de tripa, prematuramente envejecido y cabizbajo.

Como respuesta a tal estado, salí por las calles, frecuenté bares, tabernas y clubes; incluso, reinicié el contacto con compañeras de juventud en vagas reuniones de antiguos alumnos y asociaciones con propósito incierto o con más imprecisos objetivos intelectuales.

Pero, una y otra vez, las mujeres con las que salí a cenar, al cine o, incluso, a ejecutar partidas de sexo tedioso e inconstante, me parecieron de escaso valor, aburridas y de limitada belleza; muy alejadas, en cualquiera de sus cualidades o rasgos, de las ilimitadas dotes de las que disponía aquélla, la mía, la que yo gozaba todas las noches en la alcoba de la inmensa casa solitaria que mis padres me habían dejado por herencia.

Al final, abandoné todo fútil esfuerzo por relacionarme y rechacé (a pesar, confieso, de que algunas persistieron en su intento) toda posibilidad de consolidar cualquier femenino contacto.

Prejubilado, sentí un gran alivio, al no tener que lidiar con tanta frecuencia con unos seres, los humanos, cuya falta de sustancia me parecía evidente y cuya inconsistencia y vanidad detestaba.

Yo era feliz, pues me bastaba invocar la imagen de ella, la de siempre, la mujer perfecta que el destino me había entregado hasta la muerte y con la cual repetía, noche tras noche, encuentros de amor sin cansancio.

Ahora bien, en mis más profundos pensamientos, no dejaba de anotar el pequeño problema de que mi amada sólo era una sombra, sin corporeidad y, a veces, sentía la congoja de no poder sentir su piel, ni acariciar sus cabellos o tocar, levemente, su inmarcesible cuerpo.

Para completar ese nimio detalle y, dado que, ahora, disponía de todo el tiempo del mundo, decidí pasear por mi ciudad, recorriendo calles, plazas, parques, mercados y cualquier otro lugar donde concurriera el público.

Pensaba, en estos largos y reflexivos paseos, que me bastaría sólo con atisbar su rostro entre la multitud para reconocerla y pedirla, humildemente, que se fuera conmigo a casa, a nuestro hogar y compartiera conmigo todos los instantes.

Un día de septiembre, el informativo de la Policía de la ciudad X recogió el extraño incidente de un robo en una tienda de ropa, sita en una de las calles más céntricas de la localidad; al parecer, alguien había entrado en la misma, rompiendo la vitrina expositora.

Sorprendentemente, a la hora de la denuncia, los dueños del establecimiento sólo detectaron la pérdida de un maniquí femenino que mostraba sus vestidos y encantos a los viandantes desde el escaparate exterior del comercio.

DOMINGO CARBAJO VASCO


Madrid, 25 de octubre de 2014.

viernes, 17 de octubre de 2014

SE ESTRECHA EL CÍRCULO

ACM y Alcalá Innova, las dos empresas del alcalde
senador de Alcalá de Guadaíra
Al senador y futuro candidato del PSOE a la alcaldía de Alcalá, don Antonio Gutiérrez Limones, dieciocho años ya en el carguito, se le estrecha el círculo. ¿Qué círculo, el de lectores? ¡Si este hombre no escribe nada más que tonterías infumables! No hombre, no, el judicial, el que investiga cómo se malgastaba el dinero de nuestros impuestos, aparte de en propaganda PMGA, en caprichos y viajitos. ¿Y qué es la propaganda PMGA? Para Mayor Gloria del Alcalde, esas revistas en papel cuché a todo color con más fotos del alcalde que páginas tenía, esos panegíricos de que esta era la mejor ciudad al sur de Europa, esas soflamas en la que don Antonio era el “conducator” sin el cual Alcalá estaría postrada y olvidada, esa radio y televisión local, que todo había, para ensalzar las glorias del Movimiento Local… todo eso es el PMGA que se hacía desde ACM, la empresa de los mangazos que cerraron aprisa y corriendo y sin dar explicaciones a nadie no fuera a ser que se descubriera el pastel. ¡Ah!, sí, esa de la que cantó el contable que allí había facturas de parques temáticos, ipads y mesas de ping-pong. Sí, el mismo que ahora sufre amnesia y no se acuerda de nada porque después de cerrar ACM lo han colocado en otra gran empresa utilísima para el desarrollo, Alcalá Innova. Este tingladito que atufa desde lejos y que pagamos con el IBI que no se puede bajar, ha heredado los 14 trabajadores del ACM y sigue haciendo lo mismo pero con más cautela por dos motivos; uno porque se han pulido ya los euros y dos porque acabarán siendo investigados por la Justicia como sus predecesores.

¿Y don Limones? Tiene que estar muy preocupado por todo esto, ¿no? Sí, fíjate lo que le importará esto de jugar con el dinero de los demás que se acaba de traer al Ayuntamiento un desecho de tienta del propio partido, Demetrio Pérez, otro asesor que tenemos que alimentar de nuestro bolsillo. “Gobernanza y Evaluación”, el nombre de la nueva canonjía municipal no tiene desperdicio. Qué poca vergüenza gastan por aquí.


PUBLICADO EN LA VOZ DE ALCALÁ EL 15 DE OCTUBRE

jueves, 16 de octubre de 2014

Azusal, larga vida

Caballa fresca a la gallega, con pimentón (4,50 euros)

Allá donde nadie se lo espera, casi perdido en las afueras de Alcalá de Guadaíra, nos topamos con Azusal, contracción de azúcar y sal, para deleite, sorpresa y deseos de larga vida. No es fácil llegar, pregunte por el Instituto Tierno Galván en la barriada del Campo de las Beatas. Por esos lares, cerca del campo abierto, en un restaurante con decoración modesta, se puede disfrutar de una cocina contemporánea sin perder sus raíces clásicas. Olvídese del solomillo al whisky o de los pepitos de ternera. Por fin, otro lugar donde comer es una experiencia. Una carta dividida en dos partes, tapas, en torno a los tres euros; y platos a siete, ocho o nueve euros. Magnífica relación calidad precio.

Dos personas, una para la cocina y otra para el servicio de mesa, se reparten el trabajo bien hecho, con elegancia y sencillez. Antes de aventurarse a nada, pida qué hay fuera de carta. Sorpresas muy agradables le esperan. Probamos una caballa fresquísima hecha a la plancha con pimentón o más conocida como a la gallega, magnífica. Luego unos espárragos que quizás hubieran estado mejor salteados que hervidos, pero que no desmerecían. De la carta nos gustó mucho una tapa de morcilla de arroz con manzana y pimientos del piquillo (tres euros). Entre los platos, una setas de cardo con una picada de tomate, cebolleta y trufa (siete euros), muy conseguidas. Rematamos con unos piononos artesanos acompañados de un riquísmo helado casero.


Espárragos gratinados con queso y granada


Piononos artesanos (3,50 euros) 

Para los niños, un apartado con dos variables, nugget de pollo con croquetas y rosada frita a seis euros. Todos los postres cuestan lo mismo, a 3,50 euros. Para saber más del restaurante pinchar aquí. ¡Ah!, para tener en cuenta, sólo abre de miércoles a domingos. Calle Cuzco número 3. Alcalá de Guadaíra Sevilla. Tlf. 955.688.730